miércoles, 25 de septiembre de 2013

No soy yo, eres tú

Por: Carla García
Te escribo mediante este medio porque tengo algo de lo que quiero hablarte y ya hace mucho que no respondes a mis solicitudes ni me das la cara. Dejo este mensaje por aquí, a ver si por curiosidad lo lees y si te importo un poquito todavía, como te importaba en la campaña.
No siento lo mismo por ti, qué sé yo, las cosas cambian. Ya no sé si quiero que me sigas representando en votaciones que deciden y alteran mi vida. No, no quiero mentirte y seré honesta. Ya no quiero que me representes más, porque fingiendo hacerlo te has representado solo a ti y a tus intereses. No ha habido relación alguna y se supone que estábamos en esto juntos desde el día que te elegí de entre tantos otros y marqué tu foto en la cédula, ahí en la soledad de la cámara secreta en el local de votación. Pequeñito acto de fe mío el de elegirte, cortísima luna de miel la nuestra.
Me pregunto ¿qué te pasó? Legislaste en contra de lo que era importante para mí y a favor de lo que me perjudicaba. Te volviste comeoro, robacable, proxeneta y mochasueldo a punta de parar con ellos y no conmigo. Te olvidaste de mí, nada más.
Ya no te quiero y creo que no voy a volver a quererte sin importar lo que hagas para recuperarme en la campaña del 2016, porque al fin conozco tu verdadera cara. Lo que debería importarte ahora es no seguirme avergonzando, o que no te odie. Nos quedan tres años juntos, porque tenemos un contrato que dura cinco y ese contrato no se rompe. Te pido por el bien de todos que en lo que queda del período, no me faltes más el respeto.
Tienes mil días para solucionar lo que hiciste en los dos años anteriores. Eso sí, el 28 de julio del 2016, calladito agarra todas tus cosas (ojo, solo las tuyas) y deja las llaves de tu despacho congresal con el portero. No vuelvas a buscarme porque no quiero verte más.