viernes, 20 de septiembre de 2013

Dos destituciones de obispos ocurridas recientemente en el Perú muestran qué tanto debe cambiar la iglesia...



Dos destituciones de obispos ocurridas recientemente en el Perú muestran qué tanto debe cambiar la iglesia católica. Se trata de Gabino Miranda Melgarejo (ex obispo auxiliar de Ayacucho) y Guillermo Abanto Guzmán (ex obispo castrense). El primero es un pederasta y el segundo no cumplió con su compromiso de celibato y como consecuencia tuvo un hijo. 

Sobre el celibato como condición del sacerdocio, el designado secretario de Estado del Vaticano, monseñor Pietro Parolin, ha dicho que la exigencia del celibato para ser sacerdote “no es un dogma y se puede discutir porque es una tradición eclesiástica”. No es muy probable que se elimine la exigencia del celibato, pero al menos queda espacio para el debate. Sobre la pederastia y como debe ser, el Papa Francisco ha sido enérgico en combatirla y ha endurecido las penas contra pederastas al interior de la iglesia. 

Volviendo a los destituidos, los nombres de los mismos se hicieron conocidos por un blog de temas religiosos (ver acá: http://bit.ly/13FOhLV), en el que se hace referencia a ambos como "manzanas podridas": "Se trata de dos obispos jóvenes, hoy con 49 y 53 años, que llegaron al episcopado en 2009 y 2004, nombrados por tanto por Benedicto XVI el uno y Juan Pablo II el otro, y que prometían brillantes carreras episcopales. Eran sin embargo manzanas podridas. Y que vivían felices esa condición. Dispuestos a prolongarla lo que durara. Sin que les importara nada Dios, la Iglesia peruana y sus fieles". Fornicador y pederasta descalificados por igual. Es decir, se pone en la misma categoría a quien tiene un niño y a quien abusa de ellos. DEDO MEDIO