martes, 17 de septiembre de 2013

Las sábanas del cardenal

AUGUSTO ALVAREZ RODRICH
A favor de la unión civil de personas del mismo sexo.
Quienes se oponen a la unión civil entre personas del mismo sexo van a tener que mejorar la calidad de sus argumentos, no solo para no quedar como cavernícolas, sino para no parecer tontos.
El proyecto del congresista Carlos Bruce plantea la unión civil entre homosexuales para que puedan tener los mismos derechos que el resto de ciudadanos en temas como herencia, seguridad social o pensiones.
Incluso de modo recortado, pues no incluye matrimonio. El proyecto busca otorgarles un mínimo de protección a quienes hoy no la tienen.
Oponerse a algo tan elemental como eso recuerda a cuando se le negaba el derecho a votar a las mujeres o indios. O cuando se les negaba derechos humanos básicos al negro.

Hay, sin embargo, los que se oponen a este proyecto, pero no con la fuerza de las ideas sino con la virulencia del insulto propio del que carece de argumentos y debe recurrir, por tanto, a la matonería del chofer de combi que mete nomás el carro.

Es el caso del cardenal Juan Luis Cipriani, quien el sábado ofreció una espectacular demostración de carencia de ideas que terminó con cereza en el pastel: “No hemos nombrado a congresistas para justificar su opción sexual”.
El congresista y marino Carlos Tubino, quien a diferencia del cardenal no es un intransigente ni prepotente, también se lanzó al ruedo con argumentos débiles y hasta risibles, como ese de que los ejércitos que van a la guerra solo pueden ser comandados por hombres bien hombrecitos, una afirmación machista pero, peor aún, que se presta a la ironía, como el recuerdo que le hicieron el domingo en el Twitter de que Alejandro Magno tuvo un ejército más grande y con mayores conquistas que las conseguidas por nuestros seguramente muy viriles generales y almirantes peruanos.
Bromas aparte, estas posiciones se basan en una homofobia que promueve la discriminación y exclusión de las minorías, algo inaceptable en una democracia que debe respetar los derechos humanos de todos.
Por ello, llama la atención que el presidente Ollanta Humala, que dice promover la inclusión, se haya corrido de declarar el domingo sobre el tema, con una posición muy distinta a la que mostraba en la campaña electoral cuando buscaba votos.
La lucha por los derechos de minorías discriminadas nunca ha sido sencilla en ningún lado, pero hay que darla hoy en el Perú en el marco de un esfuerzo que va a tomar tiempo y en el que habrá que vencer los prejuicios de la opinión pública y, por eso mismo, los temores e intereses del elenco formal de la política.
Lo que está en juego es el derecho de minorías a la búsqueda de su felicidad, algo que no es poca cosa y por lo que vale la pena pelear.