miércoles, 3 de julio de 2013

El fortunato canaán de perú posible

Por: Augusto Alvarez Rodrich
Se llamaría Félix Bautista, acusado de corrupción.
 La revelación de que la candidatura 2011 de Alejandro Toledo estuvo contaminada por el dinero de un senador dominicano denunciado por corrupción y lavado de activos en su país y en otras naciones centroamericanas, es una evidencia más de que el financiamiento de campañas electorales es un origen frecuente de la corrupción en la política.
Se trata de Félix Bautista, del Partido de la Liberación Dominicana, y con vinculaciones en empresas inmobiliarias, de ingeniería y construcción que financiaron la campaña de Perú Posible (PP) por S/.1.2 millones.
PP ha admitido estas transferencias, pero ¿por qué una empresa de República Dominicana estaría interesada en financiar la elección de un político peruano? Cabe recordar que los fondos de campaña de este partido nunca llegaron a ser explicados cabalmente ante la ONPE aduciendo problemas administrativos.
Seguramente se va a dar más de una explicación –tan cambiante como las de las compras inmobiliarias de la suegra de Toledo–, pero la sospecha de que aquí hay mucho de turbiedad es inmediata y legítima.
Son hechos que deben ser investigados a fondo, pero mientras ello ocurre cabe preguntarse si Félix Bautista fue para PP, lo que Fortunato Canaán fue para el Apra: un hombre de negocios dominicano, con sólidas conexiones políticas, que intentó poner en marcha negocios ilícitos en el Perú gracias a la ‘buena actitud’ de políticos a los que se les ofreció financiar sus campañas.
La información entregada por los partidos a la ONPE luego de la campaña 2011 fue, en general, insuficiente, oscura y absurda: cenas privadas que pagan muchos mítines; rifas que son la envidia de la Tinka; y cuentas bancarias a donde acuden donantes misteriosos y anónimos.
Todos los partidos manejan sus finanzas con tal improvisación que parecen haberlas organizado con el fin de que nunca se conozca quién paga la cuenta para poner a sus miembros en un puesto público.
Es evidente, sin embargo, que ellos sí conocen el origen del dinero, el cual se convierte en hipotecas que serán cobradas, con creces, mediante decisiones de gobierno que, en vez de beneficiar al interés común, servirán a fines privados, incluyendo hasta al narcotráfico.
Se debe mejorar la supervisión y sanción, pero es obvio que se requiere una reforma sustantiva en el financiamiento de campañas electorales y, en general, de la política.
Si la democracia cuesta y nos conviene a todos que esta sea sólida, mejor la pagamos los contribuyentes, de manera ordenada, antes que intereses privados paguen la cuenta pues, en ese caso, la camisa nos sale más cara que la lavada.