miércoles, 10 de julio de 2013

Massé vs. Mozart

Por: Marco Sifuentes
Aquí vamos de nuevo. Seguramente arrobado por las armonías imperecederas de “Los globos del cielo”, el señor Armando Massé, patriarca democráticamente vitalicio de APDAYC, solicitó públicamente que todos los peruanos, con nuestros impuestos, financiemos una pensión de gracia para Pedrito Suárez Vértiz. Aplausos de pie. Nada como el desprendimiento con plata ajena.
Everybody loves Pedrito Suárez. Eso lo sabe cualquier peruano con una radio. Por tanto, pocas posiciones más impopulares que explicarle a la opinión pública que, quizás, mire usted, no sé si sabe que todos somos iguales ante la ley y que, bueno, disculpe si le recuerdo que seguramente hay gente sin la fortuna de tener “Mi auto es una rana” en rotación perpetua en las radios peruanas desde 1996, con las consecuentes regalías que, sin dudarlo, APDAYC, esa incuestionable institución, ha reportado puntualísimamente; por lo que, digo, es un decir, tal vez el entrañable Pedrito no sea el mejor candidato a la gracia propuesta por el señor Massé.
Pero esto parece no importarle mucho al excelentísmo Armando I, paladín de los artistas –quien, por cierto, le recuerda a todo aquel que se cruce por su camino que él, además de cantante, es médico y abogado, no te equivoques–, que en otras oportunidades consiguió pensiones de gracia hasta a Pepe Vásquez (spoiler: él no compuso el “Jipi jay”).
Y, de hecho, como el debate se puso álgido, Mr. Massé se sacó de la manga una creación heroica: el Dominio Público Pagante.  

“Son las décimas de sol o céntimos por el uso de producciones como de Bach, Beethoven… lo puede recaudar APDAYC y dárselo al fisco para que sea repartido”, explicó en una entrevista. “No se afecta el erario nacional”, agregó.
Para entender la magnitud revolucionaria de la propuesta, recordemos cómo funciona APDAYC.
Todas las canciones pagan regalías por todo. Al intérprete le toca un poco, al autor de la letra otro poco, al compositor de la música algo más, si hay un video también hay que pagar por eso y, claro, la productora se lleva el tajo más grande. Como un artista no puede ir tocando puertas para cobrar todos sus derechos, se afilia a una entidad que hace esta chamba por él (y, por supuesto, se queda con un pocotón a cambio). Estas asociaciones son las sociedades de derecho colectivo. En el Perú, la más importante es APDAYC, que cobra por los autores y compositores. Por todos ellos. Incluso por los que no se lo solicitaron.
Amparados por una legislación anacrónica, APDAYC no solo recauda en radios y discotecas, sino también en matrimonios, polladas, bodegas y, básicamente, en cualquier situación que pueda considerarse “pública” (de vez en cuando deslizan la posibilidad de cobrarles a los taxistas y choferes de combi).
Hay obras que se salvan: aquellas cuyos autores murieron hace más de 70 años. Desde Mozart y Wagner hasta la marcha nupcial. Pero la preocupación de Massé y sus amigos es tan grande que están buscando excusas para cobrar por esas composiciones también.
En la práctica, no habría una sola emisión musical libre. Adiós Filarmonía. Nada de cantar en la procesión del Señor de los Milagros, que eso también es emisión pública. Y a pagar extra en los estadios por concepto de Himno Nacional. ¿Por qué no? Todo sea en nombre de la magnanimidad de la APDAYC. Tan buena gente que son.