miércoles, 31 de julio de 2013

Una rama de olivo política

Por: Mirko Lauer Mirko Lauer
Los medios en otros idiomas tuvieron que explicarle de urgencia la expresión “¿Quién soy yo para…” a su público. Algunos la declararon un argentinismo, otros la vieron como una forma de autocrítica, incluso ha habido alusiones a la introspección. Gajes de haber elegido un modismo popular de uso corriente en el castellano.
El sentido de ese quién soy yo parece claro: en el plano personal el papa Francisco no se considera un juez de las inclinaciones afectivas o sexuales de sus prójimos. No significa un cambio en la doctrina del Vaticano sobre el tema, pero sí una invitación a un cambio de actitud en el trato al vasto y activo universo gay de estos tiempos.
La BBC ha llamado al comentario papal “un aparente ablandamiento”. En efecto la línea del Vaticano sobre el tema es un cuerpo de doctrina sumamente elaborado, y las palabras del Papa, soltadas en una entrevista luego de su entusiasmante visita al Brasil, apenas si raspan la superficie de ese pensamiento corporativo.
Pero aun sin ser una bula ni una encíclica, las palabras de Francisco son de enorme importancia política. De un lado van al encuentro de los problemas internos de la Iglesia Católica en el tema. El Papa ha reconocido y criticado la existencia de un lobby gay, y al parecer ahora está empezando a poner en foco su punto de vista sobre el asunto.
A grandes rasgos tienta pensar que se está perfilando una actitud capaz de sacarle las papas del horno al Vaticano y resumible en gays sí, dentro de ciertos límites, pedófilos no.
Aunque en el Vaticano nada es tan simple, y la sensación es que en estos días el Papa no está bajando línea, sino más bien pidiendo apoyo a la opinión pública católica del mundo.
Es notorio que a pesar del ceño fruncido del Vaticano la comunidad gay ha venido avanzando en su agenda frente a cada vez más Estados del mundo. El matrimonio o unión civil LGBT (lesbianas, gays, bisexuales y transgenéricos), claramente censurado por el Vaticano, parece algo que ha llegado para quedarse en el paisaje social.
La impresión es que Francisco está buscando un perfil papal que no choque con la doctrina, pero que sí oxigene una serie de temas en los cuales los anteriores papas se habían metido en contraproducentes impases. Lo gay, las mujeres en la Iglesia, el estatuto de los pobres, son algunos de los primeros que ha abordado.
Es el papa político y volcado hacia los problemas del mundo que un catolicismo en perceptible repliegue venía necesitando desde hace tiempo. ¿Podrá establecerse Francisco como una suerte de discurso de los tiempos actuales frente al dogma de su propia institución?