martes, 3 de julio de 2012

Se busca primer ministro, no “bomberos”


 Por: JAVIER TORRES

Las últimas semanas ha habido un intercambio de opiniones entre la Defensoría del Pueblo y la Presidencia del Consejo de Ministros sobre la cantidad de conflictos que existen en nuestro país. Mientras que la primera registra 228 conflictos –en estado latente o activo-, para la segunda solo existen 67, pero números más, números menos, lo real es que a pesar de que la conflictividad social es uno de los principales temas de la agenda política nacional, el Estado no tiene la capacidad para enfrentarla.

Durante el gobierno anterior, e incluso ahora, las propuestas para enfrentar la conflictividad han girado en torno al desarrollo de capacidades de la burocracia nacional, regional y local, o en la generación de una institucionalidad ad hoc para atender el problema. Sin embargo, aunque todo esfuerzo por gestionar mejor los conflictos es plausible, la lección que nos dejan los conflictos de Conga y Espinar es que se requiere de una respuesta que vaya más allá de las demandas puntuales, sean ambientales o redistributivas, ya que lo que se cuestiona es la manera en la que funciona el Estado.

La lógica del actual gobierno ha sido combinar una respuesta redistributiva a través de la promesa de obras de infraestructura como en el caso de Conga, o una respuesta ambiental, como en el caso de los monitoreos prometidos a Espinar, acompañadas de la afirmación del estado de Derecho bajo el sustento de la fuerza policial y militar –con estado de Emergencia o sin él- y una dosis de represión que se administra de acuerdo a las necesidades del gobierno. En ambos casos, ante la ausencia de políticos regionales del partido de gobierno –que han pasado a la oposición-,han tenido que ser los ministros quienes lideren las ofertas, sea René Cornejo, en el caso de Cajamarca; o Manuel Pulgar-Vidal, en el caso de Espinar, lo que ha llevado a que sean voceados como los posibles reemplazantes de Oscar Valdés, así como este reemplazó a Salomón Lerner, luego de resolver un conflicto en Ancash bastante menos complicado que los mencionados.

Si en Palacio de Gobierno, hoy convertido en el reino de la incertidumbre, se cree que se necesita un primer ministro “bombero”, pues Cornejo o Pulgar-Vidal pueden ser buenas opciones, pero en realidad lo que se necesita en nuestro país es un escenario en el cual, tanto quienes se oponen a la minería como quienes están a favor, vuelvan a creer en el liderazgo presidencial. Y para ello lo más adecuado es que el próximo primer ministro sea un político que tenga la capacidad de sacar al gobierno de “la esquina del conflicto” y lidere un proceso de reforma de un Estado débil, precario e ineficiente que no da para más, ni en su función de gestor eficiente, ni de árbitro imparcial.

En este proceso de reforma, ministros como los voceados para liderar el gabinete podrán tener un aporte importante en términos de gestión eficiente (Cornejo) y reforma ambiental (Pulgar-Vidal), pero donde el liderazgo debe estar es en manos de un actor político que tenga el suficiente margen de maniobra para reencauzar al gobierno en una hoja de ruta que por el momento pareciera no existir. Si el gobierno no encuentra a un primer ministro así, lo más probable es que quien reemplace a Valdés dure tanto o menos que este. (Diario 16)