miércoles, 18 de julio de 2012

Loreto: mundos paralelos


Por: Jerónimo Centurión 

El fin de semana pasado coincidí con Humala y su gabinete en la intensa y caliente ciudad de Iquitos. Yo me encontraba haciendo dos cortos documentales, uno sobre embarazo adolescente y otro sobre violencia sexual. El presidente iba en visita “oficial” con todo su gabinete. La población lo esperaba con cierto nivel de ilusión. Durante la campaña Humala viajó a Loreto varias veces ganándose su confianza y, claro, sus votos.

Un año después, el cariño hacia el candidato que prometió salvar los bosques, acabar con la pobreza y reducir las desigualdades, se ha diluido, mas no extinguido. La gente quería verlo, hablar con él. “Humala puede ser como Belaunde”, me dijo la inocente Hilda, “aquí apreciamos mucho a los presidentes que nos visitan”. Humala, sin embargo, no se expuso más allá de su ordenada agenda en la que lanzó un nuevo programa, esta vez llamado Estado Móvil.

El viernes por la noche, luego de registrar la historia de Lupe, una adolescente que a sus 15 años tiene dos hijos que alimentar con 30 soles semanales me preguntaba cuándo ella sentirá los beneficios de pertenecer al país con la economía más prospera del continente. ¿Cuándo ese Estado Móvil la alcanzará?

Ya de regreso pasé por la plaza de armas, donde se encuentra ubicado el hotel cinco estrellas El Dorado. Una docena de camionetas de lujo anunciaban la llegada de la delegación presidencial. Hablé con uno de los guardaespaldas de la comitiva y le pregunté si había salido a pasear o comer algo en la ciudad y me dijo que no, que Humala y sus ministros habían ido a jugar fulbito con el cuestionado presidente regional Edwin Vásquez.

Al día siguiente me tocó hablar con Liz, una adolescente que fue violada a los 12 años por un anciano de 70 “aquí esto ocurre sin que nadie diga nada, nos quejamos, pero nadie hace nada”. Los niveles de violencia sexual contra las mujeres jóvenes en Loreto es muy fuerte. Detrás de la alegría y amabilidad charapa se esconde un drama muy fuerte. La frecuencia de este tipo de violencia es tan alta que, para mucha gente, incluidas las víctimas, esto es algo “normal”.

La entrevista con Liz fue un sábado. Ese mismo día la comitiva presidencial viajó a diferentes pueblos a inaugurar puestos de salud, entregar donaciones y promocionar una nueva ruta aérea. En el barrio de Belén, uno de las zonas donde la prostitución infantil es más intensa, la ministra de la mujer, Ana Jara, la misma que considera que las relaciones sexuales consentidas entre menores de edad es un delito, entregó ropa y comida. “El gran desafío del gobierno es llegar a las poblaciones que lo necesitan”, dijo Jara.

Lo que aquí se necesita es educación, trabajo, información sobre prevención de embarazos y enfermedades de transmisión sexual. Pero, sobre todo, se necesita afrontar el problema de frente. Para la ministra Jara, sin embargo, esto sería imposible pues su formación le impide aceptar la realidad. Para ella, los menores de edad no pueden tener sexo.

Está claro que el Perú es un país de contrastes culturales y que esto es parte de nuestra riqueza, pero nuestros gobernantes son nuestros representantes y no pueden desviar la mirada de lo que ocurre. Ni pueden gobernar de espaldas a la realidad.

En Iquitos la falta de información para prevenir embarazos adolescentes es alarmante y la violencia sexual que se ejerce contra las mujeres es un crimen que debe enfrentarse cuanto antes de manera honesta e integral. Esperamos que el nuevo gabinete enderece el rumbo y saque a este de su actual extravío político y moral.