viernes, 13 de julio de 2012

HISTORIA DE UN GOLPE DE ESTADO: PARAGUAY


 Escribe: Francesca Emanuele

Si somos escépticos ante la idea de que unas pocas familias adineradas pueden hacer y deshacer a su antojo en nuestros sistemas políticos; si aún nos mostramos reticentes al pensar que Estados Unidos persiste con su “misión colonizadora” en todo país que deje la puerta entreabierta, tan solo habría que hacer un somero repaso de los acontecimientos en Paraguay durante las últimas semanas.

En un cable de la embajada de EEUU en Asunción filtrado por WikiLeaks encontramos la profecía -ahora hecha realidad- de que los oligarcas paraguayos preparaban desde 2009 un “golpe de estado aterciopelado” con el fin de deponer a Lugo.

Paraguay, donde el 85% de la tierra está controlada por el 2% de la población, se quedaba sin presidente legítimo el pasado 22 de junio. Fernando Lugo, jefe de Estado que propugnaba la redistribución de la riqueza en uno de los países más desiguales del mundo, fue depuesto en 24 horas tras un golpe de Estado disfrazado de legalidad.

Aunque los cambios efectivos en Paraguay desde el inicio de su legislatura fueron limitados (sobre todo debido a su escasísimo apoyo en el Congreso), la clase adinerada veía a Lugo como un obstáculo frente al mantenimiento de sus prerrogativas. Por ello, a la mínima oportunidad, Lugo debía ser destituido para preservar el status quo que beneficia, con la casi inexistente presión tributaria, a las multinacionales como Monsanto y a las 600 familias ricas del país. Paraguay, un país de una economía principalmente agrícola, percibe menos del 1% de sus ingresos fiscales por parte de esta actividad.

El rechazo internacional al golpe de estado encubierto no se hizo esperar. Argentina, Brasil y Venezuela, entre otros países, al día de hoy no reconocen al presidente impuesto de facto, Federico Franco. Asimismo, los bloques subregionales, Mercosur y Unasur suspendieron a Paraguay hasta la celebración de sus elecciones.

Sin embargo, desde el flanco del norte, los Estados Unidos, nación que ve con buenos ojos el derrocamiento de Fernando Lugo, parece estar utilizando al secretario general de la OEA, José Miguel Insulza, para apoyar al nuevo régimen paraguayo. Insulza no solo ha expresado su desacuerdo con la suspensión de Paraguay en la Organización de Estados Americanos, sino que propone el envío de una misión para supervisar los próximos comicios electorales. Así, la OEA (organización en la que prevalece el poderío norteamericano) haría oídos sordos ante lo que es un claro atropello de los derechos democráticos en un país. Así, EEUU ya estaría planeando su próximo alineamiento con los nuevos poderes de un país estratégicamente posicionado y que volvería a estar -mediante el consentimiento y la connivencia de la clase oligarca- bajo su voz de mando.