miércoles, 7 de agosto de 2013

¿De qué se fuga el tránsfuga?

Por: Mirlo Lauer Mirko Lauer
Perú Posible propone sancionar a los tránsfugas del Congreso con la pérdida de la curul. Hay un pequeño problema lógico con este planteamiento, pues solo puede haber tránsfugas si la persona tiene hacia dónde fugar. En este caso dejar la bancada equivaldría a dejar el Congreso, y ser reemplazado por el accesitario. Más que tránsfugas, suicidas.
Pero dentro de los cauces de la coherencia, no vamos a ver un retroceso del transfuguismo mientras exista el voto preferencial, que propicia un sentimiento como de propiedad privada de la curul, a menudo entre personas que llegaron al Congreso sin la menor experiencia política. Así, ellos se llevan sus votos de un lado al otro del hemiciclo.
Lo cual lleva de vuelta al ya viejo tema de la debilidad de los partidos, que es lo que PP quiere atajar. Al haber dejado de ser una escuela de formación política y al haber perdido el control de su propia votación, los partidos políticos han quedado pintados en la pared del Congreso, sin posibilidad de imponer la menor disciplina.
El voto preferencial se impuso como parte de una campaña contra una dictadura de las cúpulas partidarias (una idea que a la cúpula de los militares saliente en 1980 les sonaba muy bien). Tres decenios después estamos viviendo la dictadura de figuras impredecibles en todo, recogidas al paso de las campañas y los membretes electorales.
El segundo factor que alienta el transfuguismo es la desaparición de toda ideología en la vida política. Como en el caso de las cúpulas, la crítica implícita en el título del libro El fin de la ideología (Daniel Bell, 1960) puede sonar bien, hasta que uno se topa con la alternativa que surge en la práctica política. Como que ya no se usa tener ideas propias.
Por ejemplo, ¿podría decirse que un congresista que ha mantenido las ideas radicales de izquierda con las que entró a la lista parlamentaria del nacionalismo y decide abandonar la bancada es un tránsfuga? En este caso, que en cierto modo replica el del Apra en el 2006, más bien estamos asistiendo al transfuguismo de toda una bancada.
De modo que el congresista puede sentirse dueño de su curul también porque no hay un lazo válido que lo sujete a la agrupación que lo llevó al Congreso. Ahora PP propone la expulsión de facto como solución al problema: el partido se siente a su vez dueño del congresista, aun si en los hechos es una suerte de socio al paso.
El tercer factor transfuguizante es la cultura de minifundio que cultivan muchos de los congresistas. La pequeña bancada permite lucirse más y llegar a mejores acuerdos que ser militante de una agrupación más grande.