viernes, 9 de agosto de 2013

Carta desde Minnesota

Escribe: Augusto Alvarez Rodrich Augusto Álvarez Rodrich
‘Porque, una por una, cada persona puede hacer algo’.
Un mecanismo que un periodista tiene a la mano para acercarse a la calle –donde se supone que está el destinatario principal del oficio– son los mensajes que mucha gente tiene la gentileza de enviar.

Por ello, aunque el tiempo no me sobra, nunca dejo de darme un espacio, cada día, para revisar –a la velocidad que pueda– la correspondencia que vía e-mail, Facebook, Twitter, físicamente, etc. me llega de lectores de La República, televidentes de ATV y ATV+, y oyentes de Radio Capital.

Entre varias decenas de mensajes que cada día llegan, aparecen discrepancias, concordancias, denuncias –que, a veces, sirven de punto de partida para buenos destapes–, insultos, felicitaciones, pedidos de ayuda, etc.

Esos mensajes me dan ideas para columnas, comentarios, o para reenviarlos a productores y editores con los que trabajo en cada medio con el fin de que se concreten en reportajes, entrevistas e investigaciones que, a veces, pueden ayudar a resolver problemas, grandes o pequeños.

Como esta denuncia que me envía el ciudadano Tomas Fleming, de Minnesota, EE.UU., haciendo notar algo que daña la imagen del Perú y que podría ser sencillo de solucionar:

Sr. Álvarez Rodrich:

Hace un par de noches estuve en la cola para pasar por inmigración en el aeropuerto Jorge Chávez. Una pareja de ciudadanos de Estados Unidos estaba siendo atendida por un oficial de inmigración. La mujer perdió la tarjeta de entrada y el oficial le pidió US$5. El esposo le dio S/.10 y pasaron. Cuando llegó nuestro turno (estaba con mi esposa, peruana) le pregunté al oficial por qué estaba cobrando a esa pareja. El oficial se puso nervioso y dijo que él no había cobrado. Yo le dije que yo vi el pago y que me dio curiosidad que él cobrara. Su respuesta fue que la mujer perdió la tarjeta de embarque.

Pasé inmigración, busqué a la pareja y les dije que fueron estafados. El hombre me contestó que él estaba acostumbrado a la corrupción de los países centroamericanos y sudamericanos. Y que, además, solo fueron S/.10. Entonces decidimos hacer algo más. Regresamos a inmigración y pedí hablar con el jefe de turno. Este me pidió mi pasaporte y me negué a dárselo. Le informé de lo ocurrido, le indiqué cuál oficial fue y me fui a esperar mi vuelo. Al poco tiempo, el hombre (de la pareja) se nos acercó y dijo que, después de escucharme, sintió que debía hacer algo. Fue a buscar al jefe de turno y esta persona se negó a identificarse y ofreció devolverle S/.9.50 de su propio bolsillo.

¿Será posible investigar qué pasa en el aeropuerto Jorge Chávez? ¿Los oficiales de inmigración estafan turistas en forma rutinaria? Me encantaría ver una campaña contra la corrupción cotidiana. ¿Cree que es posible?

Gracias por leer mi carta y ojalá que se pueda hacer algo en contra de la corrupción. Una por una, cada persona puede hacer algo.