miércoles, 27 de junio de 2012

¿A DONDE VA CONGA?


Por. MARCO SIFUENTES
Quizás Gregorio Santos sea el adversario más formidable que ha tenido el Estado Peruano en lo que va del siglo.
Veamos: Ha liderado la protesta más larga y constante de todos estos años de conflictos sociales; es el primer rondero en ser imitado en los programas cómicos; las encuestadoras ya lo consideran un presidenciable para el 2016; surfea la cresta de la ola de una narrativa exitosa y unificadora de su región, el ya multigeneracional odio a Yanacocha; tiene el respaldo de una de nuestras pocas organizaciones políticas que merecen llamarse así, que controla sindicatos, moviliza militantes y tiene una agenda definida (incluyendo volver a la Constitución del 79), y, además, para colmo, maneja un Gobierno Regional.
Cuando las barras bravas del Conga Va basurean a Gregorio Santos sólo demuestran que no han superado la fase de negación. Y que su intransigencia está al mismo nivel que los del Conga No Va.
Santos está atrapado en el discurso que lo catapultó. Un discurso que no fue creado por él, sino por el presidente Humala cuando dijo “Conga va”. Inmediata y predeciblemente, la protesta consiguió un slogan, un lema, un mantra: “Conga No Va”.
El problema con “Va” y “No va” es que ambos son absolutos. Si “Conga Va”, aunque sea un poquito, los manifestantes lo sentirán como una derrota. Y no existe un “Conga No Va” a medias. O va o no va. Por eso, en Cajamarca, la palabra “diálogo” es una traición. Si la cosa es “va o no va”, no hay nada que discutir. Solo queda medir fuerzas.
Pero aún así, Santos, que se sabe atrapado en su discurso, le envió una carta al Presidente, solicitando una audiencia. No un diálogo, sino una audiencia. Es lo más cercano que hubieran estado, ambas partes, a sentarse a una mesa. Pero Humala no aceptó.
El problema es que el gobierno no se ve como un negociador entre dos partes en conflicto, sino que, más que en ningún otro caso, se ha convertido en parte del conflicto.
En abril, el ministro de Energía y Minas, Jorge Merino, declaró que negociaba un “acuerdo escrito” con Yanacocha, un documento que iba a ser “de público conocimiento”.
Finalmente ese acuerdo no se consiguió. Lo de la semana pasada es sólo una carta de la minera “expresando su voluntad de cumplir con las recomendaciones”. Recomendaciones que, como dejó claro Roque Benavides en una entrevista con Rosa María Palacios publicada en este diario, no incluye salvar ni una sola de las simbólicas lagunas.
Según un informado reportaje de Panorama, “la intención” de Yanacocha existe hace semanas pero el gobierno intentó negociar algo más formal que no se consiguió. El gobierno pidió también, siguiendo recomendaciones de operativos suyos en el campo, el retiro de polémicos funcionarios de Yanacocha que la población ya no soporta (incluido el vicepresidente de Newmont, Carlos Santa Cruz).
No se consiguió salvar las lagunas, no se consiguió un acuerdo formal, no se conseguió el retiro de funcionarios. Pero, igual, Conga va. El ministro Pulgar Vidal quiso apostar por la concientización del población pero Valdés no quiere, no contempla, que Conga no vaya. Después de todo, Conga es la razón por la que él llegó al premierato.
Todo esto pudo haberse solucionado hace meses, cuando estalló el conflicto. Se pudo haber negociado, dialogado; cada parte pudo haber cedido algo. Pero ambos lados prefirieron atrincherarse alrededor de discursos absolutos. El mundo blanco y negro de Conga Va/No Va no tiene grises pero pronto, por culpa de la torpeza y la intransigencia de ambas partes, se teñirá de rojo.
Ojalá me equivoque.