sábado, 8 de junio de 2013

En el día de la bandera

Augusto Alvarez Rodrich Augusto Álvarez Rodrich
La decisión crucial de Humala sobre el indulto.
Ollanta Humala resolvió ayer uno de los desafíos trascendentales que la historia le puso a su presidencia al anunciar su decisión de negar el pedido de indulto de Alberto Fujimori, de acuerdo con la ley y la ética política. 
No es casualidad, teniendo en cuenta el mundo militar del cual proviene Humala, donde las efemérides pesan mucho, que se haya escogido el Día de la Bandera para el anuncio. Además, obviamente, de la coincidencia con el partido de fútbol.
Humala actuó siguiendo el procedimiento establecido, lo que incluye evaluar el informe de la Comisión de Gracias Presidenciales que concluyó que Fujimori no reúne los requisitos para obtener el indulto.
Pero el presidente tiene en materia de indultos una cierta facultad de discrecionalidad, lo cual le llevó a plantear –con propiedad– la falta de arrepentimiento de Fujimori por los graves delitos que cometió y por los cuales recibió una severa condena.
Sería mezquino dejar de reconocer los aspectos positivos que, sin duda, tuvo el gobierno de Fujimori. Por ejemplo, la derrota de la hiperinflación y el establecimiento de las bases del vuelco económico tras el colapso del primer gobierno aprista; la paz con Ecuador; o la derrota del terrorismo, a pesar de la violación de derechos humanos con que esto estuvo, lamentable e innecesariamente, acompañado.
Pero a Fujimori no lo condenaron por eso en un proceso limpio, transparente y ejemplar, en el que no debe olvidarse el papel fundamental de personas como el juez César San Martín y el fiscal Avelino Guillén.
A Fujimori lo sentenciaron porque la justicia determinó que participó en la violación de derechos humanos y en la corrupción más profunda de la historia peruana, lo cual es bastante en un país con una antigua tradición por el asalto al erario para forrar bolsillos particulares.
Pero el factor fundamental para negarle el indulto a Fujimori es que el examen médico concluyó que no reúne los requisitos para recibirlo.
Esta decisión del presidente Humala es valiosa por el mensaje que transmite al país, porque contribuye a construir institucionalidad democrática, porque él tiene un hermano preso a quien obviamente no indultará, y porque lo hace a contracorriente del sentir mayoritario de la opinión pública gracias a una campaña mediática bien planificada.

La presidencia de Ollanta Humala tiene varios problemas de los cuales me ocupo con frecuencia en esta columna y, en general, en mi actividad periodística, y de los cuales me seguiré ocupando, sin duda, en los días siguientes, pero hoy quiero decir que su decisión de ayer confirma que, no obstante todos esos problemas, él fue en la elección del año 2011 la mejor opción de la segunda vuelta.