jueves, 31 de mayo de 2012

Conga, Espinar: la naturaleza del conflicto


Por: Mirko Lauer   Mirko Lauer
Con las movilizaciones paralelas de Cajamarca, las marchas pro y anti, el paro indefinido, el destino de Conga parece estar ahora en manos del mecanismo plebiscitario. Es lo que por extensión podría llegar a sucederle a los principales grandes proyectos mineros del país. Lo cual le abre la puerta a un rosario de confrontaciones civiles.
De ser así, estamos ante un importante cambio en el horizonte de la protesta, que va convirtiendo los reclamos ambientales en pivotes de confrontaciones de clase. Los ciudadanos beneficiados por la minería versus los que no han alcanzado sus beneficios. Una situación que anuncia el surgimiento de nuevos partidos en pugna.
Lo recién sucedido en Espinar tiene algunas diferencias claves con Conga. No es lo mismo frenar un proyecto que querer expulsar a una empresa que ya está exportando mineral. Esto abre (¿revela?) la posibilidad de que a una derrota final del Estado en Conga le siga una movilización para el cierre de la operación de Yanacocha.
Otra novedad que trae Espinar es que se relativiza la idea de que los conflictos son hechos aislados cuyos objetivos se agotan en el horizonte de lo ambiental. No es tanto porque un político maneje más de un escenario de agitación, como se ha empezado a ver, sino por la manera en que el método se va replicando y escalando.
Quizás estamos viendo algo más que el nacimiento de una nueva promoción de políticos electorales que usan a las pobladas como masa de maniobra. Cada vez más la situación evoca una confrontación asimétrica donde el objetivo es paralizar al Estado. Las confrontaciones asimétricas son sobre todo procesos de aprendizaje acerca de las debilidades del otro bando.
Conga le enseñó al gabinete Valdés a utilizar el tiempo a su favor frente a la necesidad de los líderes de la protesta de obtener sus ganancias políticas rápido, antes de que el fervor acumulado entre la multitud se disipe. A los dirigentes de la protesta esto les enseñó la necesidad de desplazar sus protestas-relámpago hacia otros escenarios.
Para el Estado empieza a imponerse la necesidad de ir a un pensamiento de tipo estratégico frente a la situación, en vez del limitado criterio de seguridad y orden público con que ella viene siendo enfrentada hasta aquí. Esto puede terminar significando más pensamiento militar y menos pensamiento político partidario en el sistema democrático.
Hemos entrado en una fase de incertidumbre respecto de la situación creada por la protesta. Esto comprende cierto desconocimiento de los objetivos de las movilizaciones, de la naturaleza y articulación de su liderazgo, de los resortes que dan eficacia a su discurso, de los aliados que podrían encontrar por el camino.