lunes, 19 de noviembre de 2012

ASI INFORMO CARETAS SOBRE LA RENUNCIA POR FAX DE FUJIMORI

ARTICULO24 de noviembre de 2000

Mecida y FugaEl viaje final del ex presidente Fujimori tuvo el sabor de la huida y de la mentira. El régimen se derrumbó como una verdadera mafia.

Más de 10 años después, tras numerosos periplos, el 13 de noviembre pasado Alberto Fujimori Fujimori emprendió su viaje final, que esta vez no tuvo ruta clara, ni retorno, ni siquiera un poco de vergüenza. Al irse ese día a Brunei, para luego quedarse en Japón indefinidamente, tras anunciar su renuncia, el ex mandatario coronó tristemente su trayectoria política que, si bien tuvos logros, estuvo continuamente sembrada por la la corrupción. Marcó así un funesto precedente: por primera vez, un presidente literalmente huye no sólo de sus responsabilidades sino de la más mínima decencia. 

Alberto Fujimori, encuerado de negro en Japón. Desde allí lanzó su vergonzosa renuncia, trayendo abajo su fama de hombre corajudo. Ahora puede ser pasible de serias acusaciones judiciales. La historia lo disolverá.
Escribe
RAMIRO ESCOBAR LA CRUZ (*)
CASI al amanecer del domingo 19, en medio de un fin de semana cualquiera, desde Tokio sonó el gong final de un régimen que se inició brindándole al Perú cierta estabilidad, pero que terminó sumergiéndolo en la más feroz corrupción. Aproximadamente a las 8 y 45 de la mañana de ese día, el premier Federico Salas, con voz contrita, dio la noticia hace sólo unos meses impensable: Fujimori renunciaba.
El otrora hombre fuerte mandaba así, a través de terceros -el vicepresidente Ricardo Márquez confirmó el anuncio hacia el mediodía-, su último mensaje, que era el corolario de un viaje iniciado el lunes 13 de noviembre prácticamente a tientas. Mandó a decir que abandonaría el cargo en las siguientes 48 horas, como si su voluntad se hubiera ido desmoronando con el "jet lag".
Fujimori había llegado al límite de sus propios enredos y corruptelas; el mismo día de su partida hacia el sultanato de Brunei, para participar en la Cumbre Presidencial del Foro de Cooperación Asia Pacífico, había perdido el control del Congreso, debido a la censura de la que fue objeto Martha Hildebrandt.
El sábado 11, dos días antes, desde Colombia recibió un verdadero misil. Roberto Escobar, "El Osito" -hermano del ex capo del narcotráfico Pablo Escobar-, declaró a la revista "Cambio" que existían vínculos entre su organización y el gobierno. Las fechas no coincidían (Escobar hablaba de 1987, mucho antes de la primera campaña fujimorista), pero aún así cundió el escándalo.
 
 
Hotel New Otami en Tokio. La suite que ocupó Fujimori habría costado 1.200 dólares diarios. Derecha;Húsares de Junín sacando maletas de Palacio. En los últimos días los bultos fueron de acá para allá.
El todavía presidente se sumió en un mutis patético, alimentado por la frustración que le provocaba la infructuosa cacería policial de Vladimiro Montesinos. Ya ninguna palabra le alcanzaba y, por último, los ascensos militares producidos ese fin de semana tampoco le garantizaban nada, pues más de un oficial montesinista se había filtrado. El derrumbe total había llegado.
Aun así, en medio de rumores sobre bultos que iban de una casa a otra e incluso camino al aeropuerto, los hombres del Presidente pretendían acallar todo atisbo de inseguridad. Cuando al premier Salas se le preguntó si el mandatario volvería del viaje a Brunei, éste respondió : "Es innecesario responder eso porque Fujimori va a gobernar hasta el 28 de julio del próximo año".
Pero el clima de sospecha había crecido en la calle y en las agoras políticas. Cuando el mandatario ya se encontraba en la reunión de la APEC, el miércoles15 de noviembre, el ex congresista José Barba Caballero soltó una versión algo tremendista. Según él, Fujimori estaba, desde Brunei, solicitando asilo en Malasia, había dejado maletas en Miami y estaba, en fin, pies en polvorosa.
La historia provenía de una fuente muy íntima de Palacio, que en los días anteriores habría sido testigo del frenesí con el que se cargaban enseres y pertenencias, al punto de que parte de éstos se habrían acomodado dentro de una sábana. Sonó inverosímil en ese momento, pero luego se comprobó que, al menos, lo de la huida definitiva y el desfile de bultos había sido cierto.
El viaje mismo, desde sus inicios, había tenido una serie de vericuetos que lo asemejaban más a una fuga mafiosa que a la gira de un estadista. El avión presidencial, por ejemplo, hizo primero escala en Acapulco y luego en San Francisco. Luego, Fujimori tomó, el martes14, un avión de Phillipines Airlines con dirección a Manila, ciudad a la que habría llegado a las 2.50 del miércoles 15.
Allí permaneció10 horas. Víctor Aritomi, nuestro consuetudinario embajador en Japón (10 años en el cargo) y, para más señas, cuñado del mandatario, se habría encontrado con él. Tenía lógica que ambos se dieran el alcance en Tokio, cuando ya Fujimori supuestamente regresaba a Lima. Pero, ¿a qué se debió el presunto viaje de Aritomi a Manila antes?
 
 
Víctor Aritomi, embajador en Japón, con su esposa Rosa Fujimori, hermana del ex mandatario, en Tokio. Al lado, la ruta de la vergüenza.
Fujimori estaría ahora en una casa que Aritomi tiene en el céntrico barrio de Nakano en Tokio, lo que torna creíble el contacto producido previamente en la capital filipina. El embajador, además, se habría mudado de la sede diplomática a dicho predio hace dos meses, cosa que aumenta las especulaciones. Ese, sin embargo, quizás sea un secreto al que ni Keiko tuvo acceso.
Fujimori llegó, finalmente, a Bandar Seri Begawan, la capital de Brunei, el 15 de setiembre a la 1 y 30 de la tarde, una hora antes de que el sultán Hassanal Bolkiah inaugurara la cumbre de la APEC, y se fue al día siguiente a las 7 de la noche, sin esperar a que se clausurara el evento. Casi no participó en las reuniones, salvo en una, a la que asistieron los presidentes invitados.
El día de su partida de Brunei el avión lo lleva a Kuala Lumpur, la capital de Malasia, país al que, se dice, pidió asilo (aunque el primer ministro malayo Mahathir Mohamad lo desmintió). Allí habría llegado a las 4 y 40 minutos, hora local, para permanecer durante 2 horas y 15 minutos y luego continuar al aeropuerto de Narita, en Tokio.
No obstante, una versión que circuló por algunas redacciones limeñas sostenía que antes fue a Singapur, acompañado nuevamente de Aritomi (no queda claro si fue con él a Brunei o lo volvió a encontrar en Singapur). Allí, aprovechando un lapso de 9 horas ambos se habrían reunido con los abogados de Haridass Ho & Partners y Joseph Hoo Morris, para resolver entuertos empresariales.
Se trataría de cambiar los nombres de las empresas Infinity Limited y Peripheric Trading, de vender sus acciones y de hacer movimientos de bolsa hasta por 18 millones de dólares. CARETAS pudo comprobar que el estudio de Hoo Morris existe, pero no si se produjeron el viaje y el contacto. Lo que sí es cierto es que en la madrugada del viernes 17 Alberto Fujimori llegó a Tokio.
En la capital nipona comienzan otros cubileteos extraños. La prensa informa que el mandatario permanecerá allí sólo entre las 8 y las 16 horas locales. En Lima, la secretaría de prensa de Palacio afirma que la parada se hace para gestionar unos créditos. En Panamá, el canciller de ese país, Miguel Alemán, anuncia que Fujimori no irá a la Cumbre Iberoamericana (17 y 18 de noviembre).
El ex presidente, en efecto, se reunió con Hiroshi Yasuda, presidente del Banco Japonés para la Cooperación Internacional, y con el director de la Cancillería Japonesa para América Latina, Takahiko Horimura, pero ese mismo día (viernes 17) desliza su posible renuncia. En declaraciones a France Press insiste, como en setiembre, que "no quiere ser un factor de perturbación"
 
Keiko Fujimori, saliendo de Palacio de Gobierno. Al ser abordada por la prensa dijo; "Yo sí me quedo".
Dice además que podría encabezar una lista parlamentaria para las elecciones del 2001, con lo cual los ánimos en Lima se caldean. Las críticas aumentan cuando se informa que está alojado en una suite del hotel New Otani de Tokio, que costaría 1,200 dólares diarios. Allí también se alojaron recientemente las gemelas Darlene y Carol Bernaola, invitadas por Playboy. El cuerpo del delito sin duda era distinto.
El sábado 18 las noticias se tornan aún más borrosas. Surge la versión de que está agripado y que no regresará al Perú hasta el miércoles 22. En El Peruano aparece una resolución que termina de mover el avispero: se encarga la presidencia al vicepresidente Márquez "en tanto dure la ausencia del Presidente".
En la madrugada del domingo 19, por fin cae el telón. Fujimori da la puntada final a este periplo contradictorio, anunciando que dejaba el cargo. La última revelación, ya en el esplendor de su desfachatez y cuando hasta en su carta de renuncia (dada a conocer el 20 de noviembre) insistía en haber actuado "sin cálculo político", fue que también tenía la nacionalidad japonesa.
Allí estaba el detalle. Al parecer, Fujimori nació acá, pero fue inscrito en un Koseki (registro de residencia) en la aldea de Kawachi, provincia de Kumamoto. Los japoneses no pueden tener doble nacionalidad, por lo que para ser japonés Fujimori debería haber renunciado a ser peruano y anular su Koseki. Todo indica que no lo hizo.
Así, tuvimos, durante 10 años, un Presidente que era peruano y era japonés (ver CARETAS 1475), que nunca lo confesó totalmente ni al país de sus ancestros ni al país que acogió a sus padres y que, quizás, vivió maniatado por ese secreto que tenía con él Vladimiro Montesinos, su gángster asesor. El martes 22 el Congreso declaró su incapacidad moral permanente, un viaje del que sí nunca volverá.
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(*) Con la colaboración de Enrique Narro y Pablo Lores Kanto (desde Japón).

El Harakiri de un Vivo
El suicidio se acomete por honor, y no por cobardía.
 
Sentado sobre sus talones, el suicida procedía a abrirse el bajo vientre.
EL ex presidente Alberto Fujimori tiene, según declaró el jueves pasado Fernando de Trazegnies, "espíritu de samurai". Tres días después, al renunciar a la presidencia desde Tokio, Fujimori desmentía al ex canciller. Los samurais no se quedaban en el harakiri político: se cortaban el bajo vientre con un corto y filudo puñal.
En todos los casos, el samurai, es decir, un hombre de la casta militar, acometía el harakiri por honor, no por cobardía.
Sentado sobre sus talones, el suicida procedía a clavar su puñal de abajo a arriba, y luego de sangrar buscaba una segunda incisión cruzada sobre la primera. Tenía al lado un kai-shatunin, o padrino, que si lo veía sufrir en exceso procedía a cortarle la cabeza de un solo tajo con una espada larga llamada katana (de allí deriva la criolla catana).
En tiempos mejores -para ellos-, Vladimiro Montesinos hubiera podido ser el padrino, o al revés.
Por cierto, ninguno de los dos tiene espíritu de samurai, esa casta militar que durante siete siglos, del XII al XIX, gobernó a Japón, mientras el poder político imperial era sólo una forma decorativa. En ese tiempo, bastaba que algún conocido no contestara el saludo, para que el ofendido procediera a matarse mediante el harakiri. El ushido, código de honor no escrito de los samurais, mandaba que en casos como ése el ofensor también se eliminara.
La tradición pervive en el Japón moderno. Treinta años antes del harakiri ficticio de Fujimori, el 25 de noviembre de 1970, el escritor japonés militarista Yukio Mishima decidió suicidarse después de concluir su novela El mar de la felicidad: asaltó con algunos partidarios, un cuartel, secuestró a un oficial y luego se practicó un harakiri. Uno de sus compañeros ofició de padrino y lo decapitó.
Más recientemente, el 6 de octubre último, hubo un terremoto de 7,3 grados en Tottori, 505 kilómetros al suroeste del Japón. Un técnico encargado de controlar una central hidroeléctrica se había ido a cenar en el momento del sismo, por lo que no pudo apagar la corriente y provocó incendios y pérdida de vidas y bienes. Entonces procedió a cortarse el vientre.
Es cuestión de honor, de vergüenza. Pero los harakiris a la peruana no padecen ni lo uno ni lo otro. Como en las viejas historias niponas, hemos tenido acá harakiris en masa, sólo que puramente simbólicas.
Así, tras la difusión del video Montesinos-Kouri, las renuncias en el sector oficialista fueron progresivas pero lentas. Después, formulada la renuncia del capo, se ha producido en la alianza Perú 2000 un desangre que ningún torniquete parece capaz de interrumpir.
Entre el domingo 19 y el lunes 20 se apartaron del grupo oficialista Beatriz Alva, Miguel Velit, Juan Carlos Lam, Elsa Vega, Ana Monteverde, Walter Manrique, Ezequiel Chiroque. Lo propio hizo el alcalde de Surquillo, Guido Cassassa, de Vamos Vecino. Lo siguió el cuestionado alcalde de Lurigancho, Ricardo Chiroque, de la misma tienda. Lo hizo junto con doce de sus regidores.
Por cierto que estos harakiri indoloros, incoloros e insípidos no cuentan, por el momento, con ningún padrino que los catanee.