miércoles, 25 de abril de 2012

LOS DOS MARIÁTEGUIS




Escribe: Pablo Quintanilla.


Hace dos días publiqué en el Diario16 un artículo tratando de aclarar qué significa ser caviar, en el que aludo a Aldo Mariátegui y exhibo su ramplonería.Doy datos y argumento con razones. Él me contesta en su diario con infantiles jueguitos de palabras. Ni una sola idea, ni un solo argumento. Nada. Es más: ni siquiera entiende lo que sostengo. Según él, mi principal argumento es que “los caviares son todos muy cultos e inteligentes”. Jamás diría semejante cosa. No defiendo a los supuestos caviares, más bien discuto el significado del término y cuestiono a quienes lo usan. ¿No es capaz Aldo de entender las tesis centrales de un artículo periodístico?

Sostiene que enseño filosofía caviar. Otra vez se esmera en hablar de lo que no sabe. Mi especialidad es filosofía de la mente y epistemología, disciplinas políticamente neutrales.

También afirma que tuve un debate público con Mario Bunge, en el cual, según Aldo, salí perdiendo. Nuevamente prescinde de razones, porque primero tendría que entender el contenido del debate, lo que está largamente por encima de sus posibilidades. La discusión fue sobre epistemología y, por si Aldo no lo sabe, las disputas filosóficas no son peleas de chiquillos, son intercambios de razones en los que los participantes tienen el interés de esclarecer un problema. Pero todo eso está muy alejado de lo que Aldo está acostumbrado a hacer. Adicionalmente, Bunge, a quien Aldo califica de “genial” (estoy seguro que no lo ha leído), es defensor del socialismo cooperativista, además de miembro de la familia argentina Bunge, que es dueña de la transnacional Bunge y Born, lo que, para los estándares de Aldo, lo convertiría inmediatamente en un supercaviar. Pero, claro, Aldo no lo sabe. ¿Cómo va a saberlo, en medio de su enciclopédica ignorancia?

Aldo Mariátegui representa lo peor del periodismo nacional: es infantil, pleitista, indocumentado, atrevido e irresponsable. Llena papeles transformando los bosques en basura. No precisa, distorsiona. No argumenta ni razona, bufa y resopla. Si nuestra sociedad fuera más exigente con la calidad del periodismo, su diario y él mismo se habrían extinguido por selección natural. En esas condiciones, él tendría que trabajar en un circo. En el Perú hay periodistas responsables y preparados, que contrastan con improvisados como Aldo que solo enturbian los debates, pero la proliferación de basura mediática tiene nefastas consecuencias sociales. Como la mayor parte del país no tiene acceso a educación ni publicaciones de calidad, su único medio de información es la prensa. Si ella es trivial, está colaborando en la continua y progresiva banalización del Perú.

Hace tres años, el filósofo Ted Honderich, profesor de la Universidad de Londres y director del Royal Institute of Philosophy, me pidió que escribiera el artículo sobre José Carlos Mariátegui para la Oxford Encyclopedia of Philosophy. Lo hice, a pesar que no soy y nunca fui marxista, pero reconozco el peso intelectual de las personas. Ahora me toca escribir otro artículo sobre otro Mariátegui, el nieto, un adolescente despistado.