lunes, 23 de abril de 2012

Esto tiene para rato



Rosa María Palacios Rosa María Palacios
Dicen que todos somos generales después de la batalla, que es fácil jugar el partido desde la tribuna, que darle lecciones al pasado es más sencillo que tener visión de futuro. Es verdad, pero aún con ese riesgo es momento de detenerse y señalar que hay cosas que no están funcionando desde el Estado y la sociedad en la lucha contra la subversión que ya cumple 32 años de ininterrumpida presencia en el Perú.
Lo primero, conocer al enemigo. El Vrae de los Quispe Palomino no es el Ayacucho de Abimael Guzmán.  Ni la ideología, ni los intereses, ni los actores, ni el escenario son los mismos. Mucho menos las fuentes de financiamiento y las relaciones sociales con la población, su base de apoyo. Las soluciones por tanto no serán idénticas. Mientras no se tenga cabal conocimiento del adversario no se gana la batalla. Subestimarlo o encorsetarlo en etiquetas inexactas tampoco sirve. Todo esto se logra con inteligencia policial y militar. He ahí una de las grandes debilidades de hoy.
Lo segundo, ganarse el apoyo social. He conversado con dos ex jefes del Comando Conjunto y los dos señalan enfáticamente que la solución es política. Es decir, el Estado tiene que llegar no solo de la mano de un asistencialismo pasajero sino de una presencia estable que pruebe que la democracia y el estado de derecho son una mejor opción de vida que el encubrimiento de actividades ilícitas. Se ha sugerido la creación de una Zona Especial del territorio peruano, con autonomía política y con un jefe extraordinario para que tenga bajo su jurisdicción todo el Vrae. Esto solo puede conseguirse con la aceptación de presidentes regionales, gobiernos locales y el Congreso, pues su creación solo puede hacerse por ley.
Lo tercero, mejorar el comando.  Se dice que ya está operando un comando único en el Vrae pero existen varias referencias de rivalidad entre militares y policías, explotando de manera adversa las fortalezas y debilidades de cada grupo. Militares están mejor equipados pero policías tienen mejor inteligencia. Si no se trabaja bajo un solo liderazgo, solo se cometerán más errores.
Lo cuarto, fortalecer equipamiento, logística, capacitación y moral de los combatientes. El desasosiego que ha producido la noticia del abandono de dos valientes suboficiales a su suerte es demoledor para la moral. Esto, de comprobarse, debe ser sancionado de modo ejemplar. Por otrcoo lado, se vuelve a discutir la necesidad de tener tropas profesionales, proyecto que por falta de financiamiento no se lleva a cabo y que puede ser la solución al sacrificio de jóvenes inexpertos y millones gastados en capacitación que se pierden al partir estos soldados de las fuerzas armadas. La inversión en tecnología de guerra es absolutamente prioritaria para, al menos, nivelarse con el adversario.
Si se toman todas estas medidas, ¿en qué plazo desaparece esta amenaza?, pregunté. Diez años me contestaron. Se necesitaron quince para vencer en el Huallaga.