domingo, 15 de abril de 2012

Kepashiato, Accomarca y LuCanamarca



Augusto Álvarez Rodrich Augusto Álvarez Rodrich
Con satisfacción porque los secuestrados del proyecto de Camisea ya están a salvo, y a la espera de contar con información completa para realizar un balance de lo ocurrido, hoy quiero escribir sobre el valor y el respeto por la vida en el contexto de varios hechos que han coincidido en esta semana en el país.
El secuestro en Kepashiato por parte del escuadrón de los hermanos Quispe Palomino, el testimonio judicial de Telmo Hurtado –el carnicero de Accomarca–, y la entrega de reparaciones en Lucanamarca, son expresiones que se originan en el poco valor de la vida en el Perú.
El esfuerzo para rescatar a los secuestrados de Kepashiato produjo la muerte lamentable de la capitana PNP Nancy Flores Páucar y tres policías heridos, además de las otras muertes que se confirmen luego de los enfrentamientos ocurridos en el combate entre las fuerzas del orden y la columna neosenderista.
Estos hechos deben ser motivo para reiterar el agradecimiento del país por las mujeres y hombres de las fuerzas del orden que entregan sus vidas al servicio de la sociedad, lo cual coincide con el merecido homenaje realizado el viernes, en la Comisión de Defensa del Congreso, a los comandos Chavín de Huántar.
Lucanamarca fue, por su parte, escenario de una de las masacres más terribles que realizó Sendero Luminoso, la cual fue justificada por Abimael Guzmán como una expresión de su locura terrorista.
Ahí, el 3 de octubre de 1983, fueron asesinadas 69 personas –incluyendo 18 niños– de un modo atroz, con machetes, hachas, cuchillos y balazos pues Sendero Luminoso quiso darle una ‘lección ejemplar’ a las poblaciones que no colaboraran con su acción terrorista.

Por ello, hizo muy bien el presidente Ollanta Humala en acudir esta semana a Lucanamarca para rendirles homenaje a las víctimas de dicho ataque y anunciar el incremento del fondo del programa de reparaciones de víctimas de la violencia política.
Por último, esta semana Telmo Hurtado reconoció ante el juez la matanza de 62 personas –incluyendo 26 niños– que lideró, como oficial del Ejército, el 14 de agosto de 1985, en Accomarca, con la idea de que, en una guerra, “no se puede confiar de una mujer, un anciano o un niño”. Luego, Hurtado fue protegido por su institución para darle impunidad, hasta que, más de dos décadas después, fue capturado y llevado ante la justicia.
Es indispensable avanzar en el Perú, en todos los frentes posibles, en la creación de una cultura de respeto a la vida, y uno de los caminos indudables para ello debe ser el cumplimiento de la ley, incluso en las situaciones más extremas.

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JAIME ESPEJO ARCE