lunes, 29 de abril de 2013

Me quiero ir


Cuando la cartera se pone pesada, mejor es renunciar.

Augusto Álvarez Rodrich 

Los nuevos aires que soplan en Palacio por el cambio de rumbo del presidente Ollanta Humala van a producir más de un relevo ministerial.
Ser ministro es bonito. Hay ‘protocolo, comitiva y seguridad’, se trabaja en asuntos interesantes, y si el puesto se desempeña sin contratiempo, el ex ministro –alguien más importante que el ministro–, tendrá una nueva perspectiva laboral.
Pero ser ministro es una pesadilla cuando se debe asumir decisiones fuera de sus convicciones.
Esto puede suceder, por un lado, si las circunstancias establecen serias restricciones por sus implicancias para el país. Sospecho, por ejemplo, que Rafael Roncagliolo discrepa de lo que ocurre en Venezuela, pero es obvio que la libertad de opinión de un canciller está limitada por los intereses centrales de la nación, que en este caso se refieren a la importancia de construir un escenario geopolítico conveniente para el Perú, una vez que se anuncie la sentencia de la corte de La Haya.
Pero la incomodidad de un ministro también puede surgir por alguna decisión del presidente. Por ejemplo, si Humala decide indultar a Alberto Fujimori, se produciría la renuncia de un par de ministros –Pedro Cateriano y Carolina Trivelli– aunque quizá no de muchos más.
Asimismo, la concreción de la candidatura presidencial de Nadine Heredia debiera implicar la renuncia de los ministros que se den cuenta de que esto es ilegal e inmoral.
Algo de esto es lo que está ocurriendo con la decisión absurda del presidente Humala de comprar los activos de Repsol. Más allá de las declaraciones fingidas para ponerle paños fríos a esta situación caliente, es obvio que el ministro Miguel Castilla se opone a este mamarracho retrógrado, y que lo que está haciendo es ganar tiempo para persuadir a Humala de su grave error.
Castilla hace lo correcto. Antes de renunciar por una discrepancia relevante con el presidente, un ministro debe agotar el mayor esfuerzo para convencerlo de su error. Y si no lo consigue, recién entonces debe irse, que es lo que finalmente va a ocurrir, pues Humala está embalado con la compra de los activos de Repsol, lo cual se evidencia con la promulgación de ayer del reglamento de la ‘ley de fortalecimiento y modernización’ de Petroperú’.
De paso, es una tremenda vergüenza, por contradictorio, que el plan estatizador en los hidrocarburos haya sido preparado por el ministro de Energía y Minas, Jorge Merino, uno de los privatizadores estrella de las últimas dos décadas.
Merino seguramente se quedará en el gabinete, a diferencia de Castilla, quien se irá pronto. ¿El ministro de Agricultura, Milton Von Hesse, aceptará reemplazarlo a costa de ir contra sus convicciones propias, y acabar avalando la compra absurda de los activos de Repsol? No creo.