lunes, 24 de febrero de 2014

La estrategia del Caracol


Periodistas y políticos rivales critican su demagogia, incoherencia e impudicia. Pero Alan García ha iniciado una estrategia –lenta pero segura– para ser un candidato competitivo en 2016.
García sabe que no es un político popular. Los costos de dos gobiernos a cuestas (y comisiones investigadoras encima) le han pasado factura. Según la última encuesta de GfK, es el político menos respetado (22%), el menos confiable (20%) y el menos honrado (13%). ¿Es posible volver a ser competitivo electoralmente con esta fuerte estigmatización?
Lo mejor que le puede suceder a García es encarnar el “mal menor”. Para ello, fija posiciones y capitaliza temas álgidos para la ciudadanía; los que a la larga, terminarán ponderando su imagen. Observe su protagonismo alrededor del fallo de La Haya, su cuestionamiento al incremento de las remuneraciones ministeriales, su pedido de pena de muerte a sicarios como medida radical contra la inseguridad y, en general, su crítica ácida al gobierno de turno.
Hoy, comparte el liderazgo de la oposición con Keiko Fujimori y, posiblemente, sea quien mejor capitalice la impopularidad creciente de Humala. De hecho, su aprobación como opositor viene escalando. En el último mes ha pasado del 24% al 30% (GfK), equiparándose a Lourdes Flores. El efecto post-Haya en la opinión pública parece favorecerle más que al resto.
Sin embargo, sabe que aún así, solo no podrá. Por eso, en el reciente mitin del Día de la Fraternidad sugirió una coalición pro-establishment (o de derecha, en el Perú es lo mismo). Ello como mecanismo para aislar al nacionalismo, la izquierda o potenciales outsiders que podrían alterar el panorama electoral. Así viene desplegando la estrategia del caracol: despacio, pero protegido.
Carlos Meléndez