miércoles, 2 de octubre de 2013

Tiovivo

Bayoleth es como una flor pequeñita. Hace muy poco su mamá la dejó encargada con una desconocida en la puerta de un hospital limeño para visitar a un paciente. Al salir se la habían llevado. La encontró días después una buena mujer en el mercado de Chimbote y la llevó a la comisaría. Se la devolvieron a su mamá, quien de inmediato le hizo una fiesta con payasos, televisada. Frente a cámaras prometió cuidarla más.
El papá del Niño Mariposa tenía todos los contactos, entonces salió en los programas de TV hablando del triste mal que sufre Adrianito. Una colecta solidaria se organiza, la gente se pone “una mano en el corazón y otra en el bolsillo”. Miles de granitos de arena para pagar el viaje y la operación del niño, el tratamiento, la mejor vida. En la siguiente escena el papá agarra la plata de la colecta, va al Motor Show y se compra un auto del año.
Kerk tiene diez años e iba solo en micro desde Los Olivos al Centro de Lima haciendo encargos para su padrastro, a sabiendas de su mamá, el día que desapareció. Un niño solo por las calles que son peligrosas para los adultos. En esas calles decidió quedarse a vivir para no volver a su casa porque su padrastro, el mismo que lloraba en la tele porque le habían robado al niño, le saca la mugre. Eso dijo Kerk cuando lo encontraron.
Hay un extraño síndrome del que sobreviven solo dos de cada cien niños como la Niña Sirenita. Fusión de los miembros inferiores, dicen los médicos. Operaciones después,  la niña da sus primeros pasos y todos muy felices la vemos en los noticieros. El camino a la recuperación es largo y duro, pero Milagritos es una guerrera, nuestra niña. Han pasado siete años desde su primera operación y vuelve a las primeras planas porque denuncian que su papá le pega.
Algo pasa. Esos son nuestros niños emblema, los que sobreviven a la adversidad para volver a sus casas. ¿Qué encuentran en sus casas una vez de regreso? ¿Quién cuida a Adriano, Bayoleth, Milagritos y Kerk?
Carla García