domingo, 15 de marzo de 2009

ALDO M: EL RETORNO DEL ENFERMITO


Ya se hacía extrañar los ataques de ira del fundamentalista Aldito M., hacía rato estaba muy tranquilo, esforzándose en escribir desde su columna cosas que agraden a los “gringuitos con plata” para los que trabaja y a los que adora hasta el servilismo más vergonzoso.


Claro, no podía perder la oportunidad y encontró buena excusa para sacar toda la M., que tiene en el cerebro y que lo ha convertido en la M de la prensa nacional, metiéndose en un tema al que nadie lo ha llamado.


Sí, con motivo del editorial del miércoles pasado que escribió César Lévano (Director del diario “La Primera”), “el enfermito” aprovechó el pánico para decirle de todo a Lévano.


Sacó todo su complejo de inferioridad que lo desborda y la rabia y rencor que tiene guardado en el alma por no poder ser ni por asomo –aunque el pobre se esfuerza- tan reconocido como su abuelo el gran José Carlos Mariátegui, y saber que está condenado a ser un simple Aldo M.


Sino saquen su línea; luego de leer tan despreciable artículo verán que el hombre está enfermo de odio, repudiando a todo aquel que piense –o se identifique- con su abuelo, al que -supongo- debe despreciar secretamente, pues era pobre, discapacitado y no se parecía en nada a un gringo.


Aquí algunas cositas que escribió, este pobre hombre, atacando gratuitamente a un señor periodista, digno, honrado y justo como César Lévano:

“(…) Este Lévano, que no se llama César sino Edmundo porque se alucina un gran poeta como Vallejo (así como un JCM por sufrir una minusvalía)…”

(…) En diciembre de 1974 abandonó Caretas porque aducía que existía una supuesta conjura externa ultraderechista contra el velascato (…) fue tan poca cosa que mandó su fea carta de renuncia al diario moscovita "Unidad", gran enemigo de Zileri. Así, escupió a la fuente (Caretas) de la cual había bebido por años y que le había permitido ascender desde corrector a editor.


Ya sé, se defenderá apelando a sus antepasados anarquistas (le encanta apoyarse en estos), a su infancia pobre y a su minusvalía (hechos accidentales), a su edad (hecho inevitable), a su prisión bajo Odría (que él como rojo estalinista también habría encarcelado gente)... "

No hay nada que hacer… el que puede escribir esto es poca cosa. Claro, debe estar contento pues sus patroncitos de dan palmaditas en la cabeza en señal de reconocimiento y seguro también le ponen en los bolsillos muchos verdes -por los que mataría- y cual domestico jornalero sigue y seguirá escribiendo pura M., como nos tiene acostumbrados.