sábado, 11 de julio de 2015

Pobres los Comandos Chavín de Huantar. Usados y maltratados.


Gustavo Faverón Patriau 

Yo ni me enteré de que el año pasado Sachi Fujimori había reaparecido por Lima y había participado en Casacor, ya con su chachá largo y su título de arquitecta y su proyecto (bueno, un proyecto hecho con otros seis arquitectos) era una especie de casa de campo hecha con containers.

Me pregunto si los containers se los prestó la agencia de almacenaje naviero de su hermano Kenji, aquella empresa fundada por dos investigados por narcotráfico y en cuyas bodegas la policía encontrara, hace un par de años, un montón de kilos de cocaína, creo que cien. 

En fin, decía que Sachi ahora es arquitecta titulada en una gran universidad, Columbia University, la universidad favorita de los Fujimori, donde también estudió Keiko Fujimori (¿sabían que Keiko, cuando era primera dama, intercedió ante su apaíto para que indultara narcos?). 

En fin, decía que Sachi se graduó de arquitectura en Columbia, una universidad cuyo año académico cuesta hoy alrededor de 51 mil dólares. O sea que sus estudios debieron costar alrededor de un cuarto de millón de dólares. 

Ahora bien, como me da flojera hacer el cálculo bien hecho, digamos simplemente que 250 mil x 4 es un millón de dólares (Sachi, Kenji, Keiko, Hiro: todos profesionales). Me puedo estar pasando o me puedo estar quedando corto con alguno pero no creo. 


Yo estudié en una universidad del nivel de Columbia. 

De hecho, me aceptaron en Columbia pero preferí Cornell porque Cornell queda afuera de la ciudad de New York, y por lo tanto vivir ahí es más barato (además yo estudié becado). Porque vivir en New York es carísimo, sobre todo si uno vive con ciertos lujos de hijo de dictador. 

Fácil uno gasta más en vivir que en pagar la universidad. Así que podría decir dos millones, pero digamos un millón nomás. 

Y recordemos que Vladimiro Montesinos confesó que todos esos estudios y manutenciones se pagaban con dinero del Estado. 

Y recordemos que un peritaje de Contraloría y la Corte Suprema determinó que los cuatro inocentes niñitos Fujimori (que no eran niños) gastaron 114 mil dólares sólo en pasajes entre el Perú y los lugares donde estudiaban. Pero igual, digamos un millón de dólares, nomás, no sigamos sumando ni nos distraigamos con otros números. 

Aunque el número un millón distrae a cualquiera. Por ejemplo, nos recuerda que un millón de dólares fue el dinero donado por el diario japonés Sankey Shimbun para que el gobierno de Fujimori lo repartiera entre los miembros del Comando Chavín de Huántar. 

Y adivinen qué. Exacto. Todo indica que Fujimori se tiró el millón de dólares y los miembros del comando no recibieron nada. Y hasta ahora los fujimoristas siguen haciéndose los patriotas y llenándose la boca con el amor y el respeto que dicen sentir por esos comandos, y Kenji Fujimori sigue lagrimeando cada vez que habla de su guardaespaldas, miembro del comando, que murió en el rescate de la residencia del embajador japonés, y Keiko Fujimori salta hasta el techo para defender a los miembros del Chavín de Huántar de la sentencia de la CIDH aunque todos sabemos que la sentencia de la CIDH no responsabiliza de nada a ningún miembro del Chavín de Huántar.


Y uno se pregunta: en vez de tanta hipocresía nauseabunda, si tanta preocupación sienten por los comandos, ¿por qué los hermanos Fujimori y su finado padre no buscan al fondo de sus alcancías el millón de dólares que Sankey Shimbun donó para esos militares ciertamente heroicos, ese millón de dólares que se "perdió" en el camino, y que fácilmente es menos de lo que esos mismos hermanos Fujimori gastaron en sus estudios? (Aunque yo preferiría decir que sólo gastaron un millón, porque sería realmente irónico que estos cuatro pelmazos hayan sido premiados con esa cantidad de plata robada para estudiar y convertirse en las malaguas comechadas que son hoy, mientras los 142 comandos siguen sin recibir esa misma cifra, la recompensa que Sankey Shimbun envió al gobierno de Fujimori con ese fin). 


Una cosa más: un millón entre cuatro es un cuarto de millón. Un millón entre 142 es poco más de 7 mil. Eso es lo que la mafia fujmorista les robó a cada uno de los comandos (o a sus deudos): 7 mil dólares, según acusaciones ya investigadas por Ángel Páez de La República y recogidas por el exprocurador Julio Arbizu. 

Siete mil dólares no es nada cuando uno es el hijo del mayor ladrón de la historia del país, pero es un montón de plata para un simple militar que un día le hizo un servicio enorme al país a riesgo de su vida, o para los hijos de uno que la perdió en ese mismo intento.