jueves, 14 de abril de 2011

EL NADA DISCRETO AUTOENGAÑO DE LA BURGUESIA


Esta semana, el drama del Perú recién fue conocido por un grupo de compatriotas. Lejos de los comerciales de “El Perú Avanza” o las exhibiciones de “progreso”, existe un grupo de peruanos insatisfechos con la carencia de servicios básicos brindados por el Estado y con un país de ingresos medios que aún no aprende a redistribuir lo ganado.

Salvo excepciones reflexivas, la respuesta ha sido virulenta. Y se ha podido comprobar a través de las redes sociales. Además de las acusaciones mutuas sobre la carencia de vocación de renuncia de tres candidatos – más bien, deberían criticarles a ellos su pobre papel pedagógico en esta campaña -, salió a la luz otro drama peruano: el racismo.

Para quien tenga una cuenta en Facebook, le recomiendo visitar la página Vergüenza Democrática, un compilado de comentarios vertidos en dicha red social que nos remitirían a los tiempos de la Sudáfrica del apartheid. Y antes de señalar con el dedo a quienes emitieron tan lamentables expresiones, lo invito a que piense qué hábitos en colegios, casas, clubes o en la calle estamos reproduciendo para que lleguemos al nivel de odio que hemos visto esta semana.

Y ya en lo político, el “refugio” ideado por estas personas se encuentra en la figura de Keiko Fujimori, con una memoria selectiva que apuesta solo por “lo positivo” del fujimorismo, dejando de lado o menospreciando una herencia paterna y política que, además del libro de historia, se plasmó en expedientes judiciales. De allí que familiares, amigos y hasta en centros laborales nos acosen para evitar el voto viciado o a favor de Ollanta Humala.

Es cierto que Gana Perú, hasta el momento, no ha mostrado mayores elementos de confianza en el plano económico. Pero el fujimorismo tampoco. Y es que, la verdad, todo indica que en ese terreno no tendremos más que la repetición – recargada – de lo que ha sido este gobierno, con el costo electoral y en vidas que ello ha supuesto.

Peor aún, revisando el plan de gobierno del fujimorismo, no existe proyecto alguno de reforma institucional, necesaria para que la economía peruana pueda dar el salto a ligas mayores. Y con un pasado golpista y autoritario (y el mismo cogollo a bordo) hay dudas claras sobre un proyecto reformista.

Quizás eso desea nuestra burguesía conservadora: un perro del hortelano reloaded y un mercado emergente de poca monta. (José Godoy).